lunes, 26 de junio de 2017

PAREIDOLIAS VISUALES

Se entiende como pareidolia(vaya palabrejo) el hecho de encontrar y percibir formas "erróneas" o patrones en estímulos vagos o aleatorios.
El ejemplo mas claro de esto es ver formas en las nubes o caras en algunas montañas.


En esta formación siempre vi un guerrero con su espada.


Dos cofrades con su capirote en los órganos de Montoro.

Especial mención en este juego que hace nuestro cerebro es el reconocimiento de caras; una cara da mucha información, y es por eso que evolutivamente, nuestro cerebro se ha ido armando de un especial "radar" para buscar y procesar determinadas formas  como son las caras. Así pues de alguna manera, estamos preparados para "encontrar" rostros entre la maleza u otras figuras para las que nuestro cerebro ha sido adquiriendo habilidad.
Los objetos en los cuales reconocemos una forma que recuerda a otra, se "apropian" de sus propiedades, o las toman prestadas mientras seamos capaces de verlas.

 Lo que para los geólogos es una huella de dinosaurio en un pliegue tras un tsunami, me recordó a una cara. Cerca de Aliaga.

 Esta fotografía de una Saxífraga hirsuta la vengo a titular "Guernica face", porque en cierto modo veo esas caras de dolor.

Y para terminar, esta que es un chusco de hielo, se titula "Pitufo sorprendido".

miércoles, 26 de abril de 2017

MATEMÁTICAS. NATURALES COMO TU. EL 9.

9




FINALES Y PRINCIPIOS


Eva Puyó


El nueve es mi número favorito. De pequeña me resultaba simpático porque era el último de la serie de un sólo dígito. Además, me gustaba su forma, similar a la de una persona de pie. ¿Por qué en el comienzo de la vida me sentía atraída por los límites y por la cercanía del final? No lo sé. Después me he dado cuenta de que el nueve también puede tener que ver con los inicios. Cuando conocí a Ismael, mi pareja, vivimos durante una temporada en su piso de la calle Miguel Servet, que era un noveno. En esa altura, la última del edificio, comenzó una relación que no sabía lo que duraría. Llevamos juntos bastantes años, pero a veces sigo sintiéndome como a las puertas de algo que se me va a ir descubriendo. Y, ciertamente, dentro de unos meses nuestro día a día va a cambiar. El veintinueve de diciembre esperamos que venga al mundo nuestra primera hija, a la que hemos pensado llamar Sabina. La fecha de su nacimiento es muy cercana al final del año, pero también está próxima a la inauguración de uno nuevo. El tiempo parece circular ahora en un doble sentido: los nueve meses en que el feto crece dentro de mi vientre son en realidad una cuenta atrás del principio de una vida. Me ha encantado descubrir que en el proyecto Natural como yo me ha tocado por azar el número nueve, y en concreto esta fotografía de árboles. Elegimos el nombre de Sabina para nuestra futura hija, entre otras cosas, porque a Ismael y a mí nos gusta esta especie de árbol, de belleza singular. Por lo visto su madera es apreciada por los ebanistas, ya que tiene fama de ser imputrescible. Es un árbol, además, de raíces poderosas que resiste bien las temperaturas extremas y la falta de agua. Aunque hace siglos había abundantes bosques ahora tan sólo quedan algunos ejemplares solitarios, como por ejemplo en los Monegros. Contemplo esta imagen que tiene una apariencia un tanto desértica. Sin embargo, estoy convencida de que las ramas desnudas conocerán un nuevo despertar y de que pronto se cubrirán de hojas verdes y quizás también de flores.

domingo, 23 de abril de 2017

MATEMÁTICAS. NATURALES COMO TU. EL 8.

8


¿Qué parte elegirías?


Octavio Gómez Milián

Elijo el ocho porque es tierra de nadie. A veces pienso que sería más feliz con ocho dedos. ¿Con cuál de todos no me quedaría? ¿Qué parte comerías? ¿Qué parte elegirías? Bajo el musgo viven las setas. Bajo las setas viven caracoles. El ocho dividido por el cuatro y el cuatro a su vez por el dos. El dos nunca está solo. Por eso miramos el cielo esperando dos soles y se termina haciendo de noche. Así podemos volver a respirar. Ya no está sola la luna. Dos lunas de tarde como el poema de Federico García Lorca. Pero he elegido el ocho y elijo la suma: elijo tres y cinco. Y ya tengo dos números primos. Y elijo el uno y el siete y dudo, ¿le presto un jersey al uno? Hace frío y está lejos de su casa. Y solo, el uno siempre está solo. Aun cuando me falte un dedo en cada mano seguirán estando los dos unos solos. Bajo la tierra hay una raíz que crece y se convierte en tallo, el tallo tiene cuatro ramas y en cada rama hay dos hojas. Son ocho de color verde y el caracol solo sobre el terruño gris sube por encima de las cuatro setas y espera que los tres buitres no traigan hambre atrasada. Qué triste es el ocho cuando se parte en dos de pena y no hay nada que lo una. Qué lindo es el ocho cuando se tumba y sueña un sueño infinito.


miércoles, 19 de abril de 2017

MATEMÁTICAS. NATURALES COMO TU. EL 7.

7

Siete


Carmen Ruiz Fleta


Dicen en el pueblo que una noche de invierno de no se sabe cuándo, ocho muchachas tramaron huir del secano a la búsqueda de aquel mar que un viejo vio una vez. Solo una de ellas regresó. Y por más que le preguntaron a la vuelta, nunca dijo qué les ocurrió a sus compañeras de escapada. Muda para los restos y anciana con quince años (pues su piel empezó a tornarse tronco de abedul) murió antes de llegar a la veintena.
Tiempo después y por casualidad, alguien encontró en el que fue su cuarto un papel manuscrito: “Imploráis al cielo, pidiendo agua o alguien a quien cobijar, desnudas como estáis. Siete alfiles indivisibles de huesudos dedos. Os creéis desgraciadas, y a pesar de veros así, mejor que yo estáis. Ojalá hubieran sido ocho los ladrones de almas”.
La historia se enredó pegajosa en la memoria de la gente. Intentaban olvidarla, pero nadie se atrevía a acabar con aquellos siete árboles (con sus siete sombras), que desde entonces custodiaban la entrada del pueblo presagiando el oscuro destino de sus habitantes.

domingo, 16 de abril de 2017

MATEMATICAS. NATURALES COMO TU. EL 6.

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SEIS CANGUROS, SEIS

Javier Vázquez



Doña Clementina del Manzano vive en el número seis de la calle del Peral.
Seis días a la semana -lunes, martes, miércoles y jueves y sábados y domingos- se levanta, puntual como un reloj, a las seis de la mañana y seis minutos. Sin embargo, los viernes se despierta cuando faltan seis minutos para las seis de la mañana.
Nació el sexto día del sexto mes del año del primer mil novecientos que terminó en seis. A punto estuvieron sus padres de llamarle Seisimina; pero, como la abuela Ataulfa dijo que para nombres raros ya tenía bastante con el suyo, prefirieron que se llamara Clementina.
Y aunque sea una mujer centenaria, está hermosa y sanota como una lechuga. Todos dirían que su edad suma no más de seis veces seis. ¡Y no es para menos! ¡Ni para más!
Robusta como seis robles, desayuna cada día un buen tazón de leche, pan con aceite y una pieza de fruta cortada en seis pedazos. A veces es una manzana -como su apellido-, otras, una pera -como la calle donde vive-.
Desayuna con calma, pausada, reposada, y masticando seis veces cada bocado.
Llena de energía y sonriente, recoge después la cocina en un pispás. Y es que, cada mañana, cuando pasan sesentaiséis minutos de las seis, hay seis canguros que la esperan en la puerta contentos y saltarines.
Seis años llevan saliendo a correr juntos cada día. Bueno, correr correr, sólo corre Clementina; porque los canguros brincan, rebrincan, saltan y vuelven a saltar, igual que aquel seis inquieto y revoltoso que, en una voltereta, acabó convertido en nueve. Pero eso, mejor, te lo cuento otro día...